Cada año, entre agosto y noviembre, nuestros campos se llenan de un tomate que no tiene prisa por madurar. Te contamos por qué cultivarlo al aire libre, sin forzar su ritmo, marca la diferencia en cada bocado.
Un tomate que sigue su propio calendario
En Labradio de Navianos no cultivamos tomate todo el año. Lo hacemos al aire libre, respetando la temporada natural, entre agosto y noviembre. Puede parecer una limitación, pero para nosotros es justo lo contrario: es la única forma de conseguir que el tomate madure como tiene que madurar, bajo el sol, a su ritmo, sin invernaderos que aceleren el proceso.
¿Qué diferencia al cultivo al aire libre?
Un tomate de invernadero puede producirse casi en cualquier época del año, pero eso tiene un precio: normalmente se recoge antes de tiempo y termina de madurar fuera de la planta. El tomate al aire libre, en cambio, pasa más tiempo expuesto al sol y a los cambios de temperatura propios de cada jornada, lo que se traduce en más sabor, mejor textura y un color más intenso.
Es, literalmente, un producto de temporada en el sentido más estricto: solo existe durante unos meses al año, y luego hay que esperar a la siguiente campaña.
De la planta a tu frutería, pieza a pieza
Una vez recolectado, cada tomate pasa por una selección manual antes de salir de nuestras instalaciones. No es un proceso automatizado: alguien revisa cada pieza para asegurarse de que cumple con nuestro estándar de calidad. Después, se distribuye con cuidado hasta llegar a tu frutería de confianza, donde puedes reconocerlo por su pegatina individual.
Si alguna vez has escaneado esa pegatina, sabrás que detrás de cada tomate hay una historia de temporada, cultivo y selección que empieza mucho antes de llegar al frutero.
Una campaña, no una producción constante
Por eso, si en algún momento del año no encuentras nuestro tomate en tu frutería habitual, es porque estamos fuera de campaña. Preferimos eso a ofrecer un producto fuera de su momento óptimo. Cuando llega agosto, vuelve a estar disponible, y con él, el sabor por el que merece la pena esperar.